Entrevista a Andrés Montero (2008): escritor de lo sencillo y lo cotidiano
Entrevistamos a Andrés Montero Labbé, ex alumno de la generación del 2008 que a su corta edad ya ha dado pasos importantes con las palabras y versos. Acá nos cuenta de lo que significa para él escribir, de la temática de sus cuentos y de cómo su paso por el Colegio fue significativo para la persona que es hoy.
¿Cómo surge esta motivación por el escribir?
Cuando chico era muy imaginativo y bien mentiroso también. Me pasaba inventando historias que supuestamente me habían ocurrido a mí, supongo que para llamar la atención. Un día, mi papá (que probablemente ya estaba aburrido de escuchar mis falsas experiencias todas las noches) me dijo: “¿y por qué no escribes todo esto?”. Le seguí el consejo y ese mismo día escribí mi primer cuento, a los siete años. Se titulaba “Mi vida es loca y llena de problemas”. Desde ese día, no paré más.
¿Qué es lo que tratas de transmitir en tus cuentos?
Yo entiendo la literatura como el mejor espacio que tiene el humano para realizar y vivir lo que su vida cotidiana no le permite. Todos mis cuentos tienen como protagonistas a hombres y mujeres comunes y corrientes que se ven enfrentados a sucesos perfectamente posibles, como por ejemplo, en el cuento “Los desconocidos”, un hombre soltero de cuarenta y tantos años se encuentra con su polola de la juventud en el asiento de al lado de un bus directo a Osorno. Lo que yo intento es que un lector empático pueda adentrarse en estos cuentos como por sus propias fantasías, que pueda decir: “¿Y si esto me pasara a mí?”. En último término, aunque obviamente es simplificar mucho, intento adentrarme en lo más profundo del ser humano desde una perspectiva sencilla, posible y creíble, a veces con humor y otras veces con crítica social.
¿A quiénes van dirigidas tus obras?
Este libro de cuentos está pensado para hombres y mujeres desde los quince años en adelante. Hay algunos cuentos que disfrutarán más los jóvenes, especialmente los primeros, pero la verdad es que creo que la mayoría se dirigen más bien a un público adulto. No es que los jóvenes no los puedan entender, pero creo que por las temáticas utilizadas un hombre o una mujer adulta los disfruta más y puede sentirse más interpretado. En todo caso, eso siempre queda a ojo del lector.
¿Qué es lo más desafiante y lo más reconfortante de serescritor hoy en nuestro país?
Lo más desafiante debe ser llegar a publicar. En mi caso, tuve mucha suerte con la editorial LOM, a quienes les gustó mi libro y decidieron publicarlo de inmediato, pero perfectamente podría haber pasado varios años tocando puertas sin éxito. Además, para mí ha sido particularmente difícil combinar los estudios universitarios con la vocación de escritor. Durante el año 2011 escribí una novela de cerca de quinientas páginas que me significó estudiar mucho, investigar, entrevistar, leer, y por supuesto, escribir. Pero me era imposible dedicarle el tiempo necesario mientras estuviera estudiando. Al final, decidí congelar la carrera y logré terminar la novela hace un mes a punta de mucho trabajo, pero ya sin la presión de tener que responder a la universidad. Y bueno, terminar un libro, una novela, eso debe ser lo más reconfortante del mundo. Saber que valió la pena tanto trabajo, sólo por poder ver la obra terminada, independiente de lo que vaya a pasar con el libro. Y cuando un amigo, una amiga, un familiar lee la novela, eso ya es la gloria máxima. ¡Alguien se leyó 500 páginas escritas por mí y no se aburrió!
¿Qué recuerdos tienes de tu paso por el Colegio? ¿Qué crees que te aportó para tu formación personal y profesional de hoy?
Del colegio tengo los mejores recuerdos, en todos los ámbitos. Además de la formación académica, que obviamente es fundamental, yo rescato mucho la cantidad de actividades que se pueden hacer y desarrollar. Yo estuve en fútbol, en scout, en el taller literario, en teatro, participé en los trabajos de verano y de invierno, viví un año en La Unión como “peumo”… El Manquehue abre muchas puertas y se preocupa de que los alumnos lo sepan. Yo creo que eso es precisamente lo que más me marcó a mí: el entusiasmo de emprender nuevos proyectos, de aprender nuevas cosas, de siempre estar buscando, buscando, buscando. Y, por supuesto, me ayudó a formar mi fe, que siempre fue muy tambaleante, y que desde el día de mi confirmación ha sido el pilar más fundamental de mi vida.
¿Alguna anécdota que contar?
A ver. Me acuerdo que yo cuando chico, como a los nueve años, escribía cuentos y los contaba al curso en las horas de clases, con la profesora María Eugenia Valderrama. Obviamente, los personajes eran puros compañeros, así que se entretenían harto. Pero una vez se me ocurrió escribir un cuento que se titulaba “¡Injusticia!”, y que trataba de la llegada de las mujeres al Manquehue y de cómo eso nos desplazaba a los hombres a un decepcionante segundo lugar. La cosa es que al final, el cuento terminaba cediendo en algunos puntos y declarando que las mujeres no eran tan malas. Y decía literalmente: “Y además… ¡son tan lindas las mujeres!”. Ese cuento ganó un concurso del colegio y me hicieron leerlo en una asamblea de generación frente a todos, mujeres incluidas. Al llegar al final, me dio vergüenza y me quedé callado, como tupido. Y como todos me estaban mirando extrañados, porque llevaba callado varios segundos, no tuve más opción que seguir hablando y prácticamente vomité la frase “¡son tan lindas las mujeres!”. Y ahí quedó la embarrada. Todos se rieron y me empezaron a molestar y yo sólo rogaba que me tragara la tierra. Al final me bajé amurrado y me fui al baño para que no me viera nadie. Pero claro, quedé como rey con las mujeres, así que al final salí ganando.
¿Algún profesor que haya sido especialmente significativo?
Muchísimos. Destaco especialmente a los que yo sentía con más ganas de saber qué pasaba por la cabeza de sus alumnos, que, al menos a mí, más me animaron a seguir mi vocación. Cristián Munita es uno de ellos. Nunca olvidé algunas de sus frases célebres, como “piensen lo que quieran, pero piensen”. Cuando yo salí de cuarto medio, le conté que no sabía qué estudiar y él me dijo que siempre, siempre siguiera mis instintos. Son cosas que no se olvidan. También recuerdo con mucho cariño a algunos profesores de Lenguaje, como Loreto Nieva, Felipe Tapia y el Pancho Maturana, verdaderos maestros. En otros ámbitos, tengo gran amistad con Cristián Silva, ex jefe del grupo scoutManquehue, y con Deborah Singer, quien es mi madrina de confirmación.
¿Quieres hacerles alguna invitación a nuestros ex alumnos y ex alumnas?
Quisiera hacer una invitación relacionada con las opciones y decisiones cotidianas de ayuda a los otros. Hace ya un año y medio fundé con un grupo de ex alumnos un grupo scout en una población de Pudahuel, que ha funcionado muy bien durante este tiempo. En este momento tenemos muchos voluntarios, pero hemos tenido problemas para hacer campamentos y otras actividades por el tema económico. Sí quisiera invitar a que todos aquellos que participen en alguno de los proyectos sociales que organiza el Centro de ex alumnos o el colegio, a que lo hagan de todo corazón y lo más horizontalmente posible. Soy un convencido de que la única forma de romper con la discriminación y la desigualdad es ser amigo de los pobres, y no una persona de buenas intenciones que los quiere ayudar un poco. Amigo, hay que ser amigos como lo fue Jesús de los pescadores, los cobradores de impuestos, las prostitutas. Eso lo aprendí yo en el colegio, especialmente a través de los sacerdotes de la Congregación, y es una de las enseñanzas más profundas que me llevo de mi época escolar y universitaria.




















El Blog del Condor

¡FELICITACIONES! ASÍ, CON LETRAS MAYÚSCULAS. NO TENÍA IDEA DE TUS CUENTOS, YA PUBLICADOS Y MENOS DE TU NOVELA, YA ESCRITA. UN BUEN ABRAZO Y NO DEJES LA “PLUMA”